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sábado, 14 de abril de 2018

x minúscula



Esperaba que FACTOR X fuera un show de canciones y no de emociones prefabricadas. Lamentable que en el estreno jugaran así con las historias personales. Se perdió la verdad y el resultado fue una telenovela con una banda sonora forzada. Se supone que así buscaban que el público empatizara con los concursantes, personificados en dramas varios y el resultado fue un programa de testimonios cutre. EL DIARIO DE PATRICIA en modo superproducción. Una pena que un formato gigante se haga pequeño por fórmulas innecesarias. El entretenimiento de verdad no necesita parches ni efectismos. Aunque si esta terapia televisada hace bien a sus protagonistas, ¡que tiemblen los divanes! Después de la verdad de OT necesitaban un giro extra. Con esos guiones cero improvisados, que restan credibilidad al jurado, incluso al propio Jesús Vázquez. Mediaset se recrea en sus estrategias morbosas. No importa lo que sientan sus cobayas ni el espectador. Con esos planos de familiares perdidos en llantos y ánimos de hipérbole. Recuerdo que cuando emitió Cuatro el talent era más limpio, con la música como motor sin desengrasar. Es cierto que las reglas del juego (y el éxito) se han retorcido, que hay que generar noticias virales y memes en bucle. Aunque no me gusta nada que sea así.

Acabé con un ataque lumínico. Con un exceso de focos y tonos brillantes. Nada que ver con las biografías que retrataron, desde autolesiones a cuernos entre cantarines. Los jueces no ocultan ser un producto bien estereotipado, engullidos por un Risto bravucón. Con innecesario recurso a su tensión histórica con el presentador. Otra percha de la que tirar y con la que rellenar minutos, en lugar de dejar que las voces lo dijeran todo. Es cierto que Laura Pausini tiene genialidades, pero aún lejos del estado de gracia/adorable de LA VOZ. Es importante que alguien recuerde tanto a cadenas como productoras que el prime time no se merece emular a un chicle masticado hasta perder fuerza y sabor. Aprendan de los colegas internacionales, que condensan sin remilgos. Y, de paso, que no es necesario ir siempre al rebufo de lo que funciona. Ahora mismo el fenómeno talentoso pasa por los triunfitos, con las cuerdas vocales más expuestas imposible. Hasta han creado su rato youtubera, ¡más caja! Los formatos tienen su momento y este rescate creo que llega tarde. El estreno parece que en términos de audiencia no ha sido mal, pero tampoco ha sido la panacea. El doblete del próximo miércoles, noche en la que se supone se asiente, dirá si llega a ser rentable. Que las audiencias no son lo que eran, pero la inversión es mucho para que se pierda en la parrilla sin apenas repercusión. En un vistazo las redes se rindieron al folletín homotelevisado y el donut esperpéntico que ni indie ni transgresor.

Siempre salvaré a Jesús Vázquez como elemento de solvencia. Vestido de sport, con jersey anclado, en traje fashion o descamisado. No importa. Las prendas son mero adorno en un profesional que transmite pasión y cercanía. El espejo en el que otros podían mirarse, sin necesidad de caer en trampas ni torticerías, disfrutando de repartir el juego. No necesita protagonismo, eso es trabajar con garantías. Quizá tengan que pasar las audiciones y descubrir vozarrones como la que abrió fuego a lo Whitney Houston con su guitarra. Cuando alguien es capaz de dar la vuelta a un clásico tan versionado e imprimir su sello, todo se para. Es la magia de la música, que se reescribe y conmueve sin límites. Sin necesidad de experimentos baratos. Lo que llega, llega (y mucho). Despejen la X como se merece.  

# SÍ · Viendo el despliegue aquí hay una gran apuesta. Visualmente, salvo la exageración luminosa, todo es perfecto. En la línea del original.

# NO · Demasiada presencia del personal técnico en los planos, que tienen una importancia vital, pero hacer con ellos el seguimiento del estado de ánimo de los aspirantes resulta excesivo. Más minutos, más salseo.

viernes, 16 de marzo de 2018

Sin capa, pero con caspa



Son muchos años de telerrealidad. Demasiados. Tanto para notar el hastío de los formatos pioneros y las estrategias de sus protagonistas. Telecinco estrenó anoche la nueva temporada de uno de sus caballos ganadores, SUPERVIVIENTES. Y lo hizo un mes antes de lo habitual, para intentar frenar la crisis de audiencias y asegurarse contenido expansivo. El mismo que ocupa horas en sus magazines de turno o que se multiplica en la parrilla a antojo del programador. Llegando a ocupar tres noches sin despeinarse y contribuyendo así a la tristeza de opciones. Aunque prometían novedades y extrema dureza, la gala inaugural fue un calco de las anteriores. Este año cambian los ‘robinsones’, pero poco más. No cuenta renombrar los grupos y los utensilios de artesanía tribal. Véase collares o cetros de los líderes. Es cierto que han remozado el plató o la palapa hondureña, aunque esperaba una evolución más impactante. La sensación era retroceder en el tiempo en un espacio que ha perdido su identidad. Recuerdo su lanzamiento con anónimos y esa sensación de riesgo infinito. Algo que fue inversamente proporcional a la fama progresiva del casting. En su etapa por Atresmedia se cuidaba mucho la parte formal y los excesos eran algo edulcorados. Fue en su retorno a Mediaset cuando el amarillismo impregnó la aventura. Así han reformateado su isla con la suma de corazoneo, personajes basura, musculitos y silicona sin discreción. A estas alturas se agotan los nombres con mayúsculas y el resultado es un elenco ramplón, donde el mayor mérito es haber pasado por la cárcel o embarazar a la hija de una tonadillera con idéntica pena. Juzgar pues a los concursantes me parece absurdo, aunque defenderé la capacidad de superación de una Raquel Mosquera que tiene más agallas que pestañas postizas. Del resto, increíble la presencia del actor Adrián Rodríguez, que parece tenía muchas ganas de verse en este tinglado. Trabajo nunca le ha faltado, ¿habrán llegado sus horas más bajas?

Y hablando de protagonistas, Jorge Javier Vázquez está hecho para la refriega famosíl. De hecho, hizo olvidar su peor versión al frente de GRAN HERMANO. Locuaz, irónico, entregado. Se notaba que tenía ganas de dejar atrás el resto de sus compromisos e hincar el diente al tiburón de la supervivencia catódica. Fue antológica esa mediación a lo matrimoniadas entre Chabelita Pantoja y su aún marido, Alejandro Albalá. Poco quedaba del muchacho retraído y apocopado, enfundado en su traje fashion con los tobillos al aire. Como todas las lindezas que dedicó a su ex, escasa de reflejos. Y no precisamente en el pelazo. Dicen las corrosivas lenguas que ella impidió la presencia isleña del santanderino y el mejor de los males era verse las caras en Telecinco sin mediar exclusivas. Seguro que aprovechan la tensión para hacerse un DELUXE y engrosar más las cuentas cardiacas. Como cardiacos debió poner a muchos Lara Álvarez. Su belleza es abrumadora. De hecho creo innecesaria tanta muestra carnal. Es triste que la utilicen como mujer objeto, con un look perfecto, pero hace que su papel se distorsione. No pasó cuando José María Iñigo narró in situ el desarrollo de las pruebas. Aunque la asturiana borda su labor.

Es cierto que la noche de apertura es insuficiente para analizar el programa. Con los días y la aclimatación a las hostilidades surgen las tramas y se desdibujan los prejuicios con los perfiles de concursantes. Las pruebas dan siempre mucho juego audiovisual y los totales maléficos, más. El gran equipo que hace posible toda esta historia se dejará la piel para que el espectador medio se enganche sin remedio. Ahí es donde la estructura en cascada de Vasile obra el milagro. Minutos en bucle con los dimes y diretes que se hacen sorprendentemente virales. Veremos cómo va el desarrollo, aunque yo reconozco mi lejanía con la fórmula. La sensación de más de lo mismo me invadía. No aguanté todo el tiempo de emisión, pues vuelven a estirar imprudentemente el producto. El error en tiempos se notó en lo precipitado del final, descuidando la parte formal de nominaciones y comunicación a los grupos. Sobrevivirán como siempre y habrá carnaza sin filtros. Como amante de la cosa televisiva, espero y deseo que los mandamases apuesten por novedades de verdad. Estoy convencido de que tienen los cajones rebosantes de ideas geniales, pero al final ‘tiran más dos tetas de dos catetas’. Y sí, he reescrito el dicho. Aunque pensándolo mejor, la clave está en sumar los dos conceptos al cuadrado para que la cadena se asegure el minuto de oro. ¡Así nos va...!

# SÍ · A nivel técnico reconozco el esfuerzo y los grandes resultados.

# NO · Los vídeos de presentación eran un muermo total. Con apenas variantes de unos a otros. Con un esquema muy visto. Cero creativo.
  

martes, 13 de febrero de 2018

Coser y refritar



MAESTROS DE LA COSTURA no es un talent a medida, sino más bien un Zara de MASTERCHEF. La premisa de la moda prometía, como la elección del jurado y de una Raquel Sánchez Silva siempre brillante. Aunque el primer programa me ha demostrado que la productora Shine Iberia ha querido apostar a caballo ganador y ha hilvanado un primo hermano del concurso de los chefs amateurs. Todo el desarrollo es un calco, adaptado al lenguaje y las necesidades modísticas, pero la comparación resulta inevitable. Desde la disposición de los protagonistas en plató, los totales de los participantes con ese fondo que de utensilios de cocina ha pasado a recortables de maniquíes, la estructura de las pruebas clasificatoria, en exteriores y de eliminación, la rotulación y la gestión social de los aprendices con su nombre bien arrobado. Ejercicio que me parece bien para encender Twitter, algo que el community manager Abel Arana hace como nadie. Pero echo de menos presencia en redes como Instagram, donde explotar la creatividad de los candidatos y así mostrar sus orígenes cosidos y la posterior evolución. Alabo a la presentadora que sí hace olvidar el papelón fuera de lugar de Eva González, aunque no me gusta nada que peloteen sus estilismos. Es genial que ella haga visible la moda española, pero bastaría con un crédito en pantalla y no tantos aspavientos del trío de diseñadores. De ellos diré que me parecen demasiado forzados, con un papel demasiado aprendido, para garantizar el show. Ciertamente se complementan y puede que con más rodaje sean hasta efectivos. Si algo me gusta es que les desborda su pasión y no se amilanan si tienen que coger el trapo por los hilvanes. María Escoté no paraba con un baile de San Vito muy inquietante. Palomo Spain escenifica su exceso de pechamen y surrealismos con poca gracia. El más top es un Lorenzo Caprile entregado al aleteo de manos y al pique con el rebelde Eduardo. Petardadas, las justas. Por mucho que vista a La Terremoto de Alcorcón y pasee su mariconismo sin remilgos.

Las presentaciones de los aprendices se quedaron cortas y algunas llegaron un poco tarde para entender su enganche con la cosa costural. Después sobraron los momentos emocionales de las fotos de la abuela y demás familia, apelando ahí a algo que chirriaba. Me gustó mucho el paso a paso ilustrado de las pruebas. No sé si dará tiempo a copias masificadas, pero aportaba un elemento muy interesante de interacción con la audiencia. Tanto como el diccionario de los términos más técnicos, haciendo cómplices de la jerga a todos en casa. El plató en sí es una maravilla, espacioso y con perfecta iluminación. Dominando los colores cálidos y con tantas piezas que te transportan a los talleres de verdad. Todo sea para perderse entre telas y botones. La elección del casting final me pareció demasiado estereotipada. Que en GRAN HERMANO primen los personajes, más después de infinitas ediciones, es hasta necesario. Aquí estiran esos clichés en exceso del moderno chillón, al padre buenorro, la religiosa extrema, los gemelos come santos, la gasolinera Bratz, la modelo de pasarela, la mamá numerosa, el rarito… Que son peculiares, un rato. Que fuera necesario perfilar tanto sus singularidades, no lo tengo tan claro en un espacio que debe primar el talento fashionista. Fue sorprendente el peso de Dios en varios de los llamados a Cibeles. Mentando hasta el Espíritu Santo para un final feliz. Insólito.

Aunque creo que hubo momentos de tensión fingida, resalto positivamente el apoyo del jurado ante las crisis varias. Así como una Raquel implicada al máximo. Aplaudo la sala de deliberación de las prendas que, a diferencia de los platos, llega más el éxito o fracaso real. El ritmo del debut resultó mejorable, agradeciendo los toques de humor. Es un acierto que instruyan a los espectadores en la Historia de nuestra Moda, como el homenaje a un Pertegaz único. Una duda, ¿es necesario colar un libro de esto? Qué obsesión por estirar el dobladillo. Faltó que cualquiera insistiera en reciclar la ropa en contenedores solidarios o del H&M. La metáfora del costurero y demás era otra revisión de los cuchillos de los chefs. El premio de la máquina de coser, que en pantalla parecía pequeña y hasta básica, resulta pobre.  Y, por último, ahórrense los refranes con calzador. En resumen, que de aquí a alcanzar la maestría aún les queda mucha tela que cortar.

# SÍ · Es genial que la televisión se abra a otros universos, que explore y presente la esencia de nuestra moda. Un mercado que suma infinitos profesionales, que agradecerán tener una ventana de visibilidad.

# NO · La alargada sombra de tantos MASTERCHEF. Internacionalmente hay otras fórmulas con el diseño como clave que quizá tenían que haber reinterpretado, sin necesidad de calcar su propio producto.

martes, 6 de febrero de 2018

OT: Punto y final



“Todos somos únicos”, como bien recordaba Rosa de España antes de ceder el cetro triunfal. Aunque si hay alguien que lo es, y con mayúsculas, no es otra que Amaia, la pamplonica que nos ha robado el corazón en esta remozada OPERACIÓN TRIUNFO. El fenómeno fan es imprevisible y parecía difícil que una chica de gustos musicales inquietos, mezcla de timidez, ingenuidad y talento a raudales y con escaso marketing viral se convirtiera, a priori, en la ganadora del talent. De aquella nominación injusta en la gala 0 al aplauso unánime han pasado pocas semanas. Las suficientes para que no podamos imaginar nuestra música sin su voz. Anoche ejerció de ella misma, frente a unos compañeros muy solventes. Especialmente Aitana, brutal en su doblete de escenario, llamada a convertirse en la diva teen del momento. La gala empezó en alto, con un Raphael rejuvenecido. El detalle del collar de cuentas fue lo más. Hubiera sido un escándalo no contar con él en este show, con su hijo metido en el entramado.

El hit ‘Mi Gran Noche’ fue el mejor pronóstico. Aunque siempre hay peros. En mi opinión, los vídeos se alargaron en exceso y no se aprovechó la presencia en plató de los profesores y exconcursantes. Una pena, pues algunos como Roi apenas dieron juego, cuando fuera son todo un reclamo. Incluso se minimizó a las familias, relegadas al graderío, sin apenas planos de reacción o emociones en suma. Las escenografías fueron bastante pobres, salvo una Ana War que ha tenido a todo el programa a su favor. Ha encadenados numerazos cual guantes para desplegar artisteo del bueno. Otra cosa es que su voz no fuera poderosa. No perdonaré nunca que apeara de la final a un Agoney inmenso. Eso sí, el tango de la guerrera fue muy visual y el resumen perfecto de su gran evolución. Alfred fue él en estado puro y con trombón en gracia. Perfecta la presencia de Vicky, la coreógrafa, una bailarina de diez junto a su cuerpo de danzarines. Miriam no estuvo tan fina como de costumbre. El reto de cantar por Malú era un riesgo y no le salió nada redondo. Aitana hizo olvidar a Sia y se dejó caer. Maravillosa. Lo de Amaia fue un despliegue de grandeza. Aunque en la rueda de prensa de hoy reconocía que tuvo fallos al piano, lo que hizo con ‘Miedo’ fue una antología de su genialidad. Recordó mucho a lo que allí mismo se marcó Pablo López. Libertad para crear.

La duración del programa se fue de las manos. Terminar en horario de teletienda no resultó nada apropiado y ha acabado con media España ojerosa por su culpa. Y con el corazón en vilo por ese fallo de sonido. El mismo que jugó malas pasadas en el inicio y que se revolvió al final. Aunque David Bisbal demostró tablas e hizo lo que pudo con sus gorgoritos. Ante una Rosa muy desubicada y fuera de lugar en la lectura del sobre. Resultó gracioso el plano de toda la nueva hornada cantando su ‘Camina’ y el par de triunfitos mayores sentados sobre las escaleras del escenario. Como contemplando esta nueva realidad o competencia, según se mire. En realidad la recta final fue un despropósito, sin cuidar los detalles y salvando las naves. Cosas del directo. Aunque se sacan de la manga una gala extra en la que espero corrijan errores y sepan sacar chicha a esta generación. Su verdad ha conquistado. Hemos convivido con ellos a través de las múltiples pantallas. Nos han hecho partícipes de su aprendizaje, las dudas, los amores, los gallos, las bromas, las mechas surferas... Y es de reconocer la gran labor de la Academia, con una Noemí Galera en estado de gracia. La sombra de Nina era rizosa, pero no se esfumó desde el principio. Sin olvidar el papel de ‘Los Javis’, el dueto mejor engrasado que aún tiene mucho por contar. Sus clases eran lecciones de vida y cualquiera diría que estaban improvisando. Su potencial comunica todo el rato porque están siempre en línea. Ahora nos quedamos huérfanos de tantas historias, de los pases de micros, del comedor y Martí con sus cameos.

Ya nos dejan caer que pronto habrá una nueva edición, pero aún tienen que explotar a este grupo de voces. Con una Amaia coronada y todo un pueblo rendido a sus teclas. Porque ella es música. Que no perviertan nunca esa capacidad tan personal de transmitir las letras. Ni pretendan sacar un disco a toda prisa. Por delante tiene Eurovisión con su compositor de latidos favorito e infinitos acordes. Si no cambia será su verdadero triunfo.

# SÍ · El punto de tranquilidad de ambos. En el directo es una garantía.

# NO · Agoney merecía defender un tema en solitario. Su voz rotunda y esa ilusión como festivalero confeso hubieran garantizado un espectáculo memorable. 

martes, 30 de enero de 2018

Con el #Almaia en pie



Si algo ha definido esta reentré de OPERACIÓN TRIUNFO es la verdad de esta hornada de concursantes. Algo que las ediciones anteriores se diluyó tras el terremoto musical que supusieron los legendarios ‘triunfitos’. El espectador ha recobrado las ganas de compartir los sueños de estos jóvenes, especialmente ese target de edad que ha encontrado en las redes sociales un campo de contenidos infinito. Las tramas de la Academia han conquistado, sobre todo en lo que a amoríos se refiere. Desde el no, pero sí de Aitana y Cepeda, pasando por los armarios entornados de algunos y esos besos supuestamente coreografiados. Aunque el oro a los latidos en bucle se lo llevan Amaia y Alfred. Por separado representaban un perfil de músico desbordante de personalidad, con tics y rarezas como sello propio. Unidos son la nota más afinada, entre la ternura y esa ingenuidad que traspasa cada plano. Lo demostraron al piano íntimo de ‘City of stars’, protagonizando su particular película sin alfombra roja. Bastaba su complicidad y millones de voayeurs, testigos de la magia. Era buena estrategia pensar en ellos como dúo para Eurovisión. Otro ser altamente sensible, Raúl Gómez, ha firmado una letra que es un traje a medida de esta carpeta talentosa. ‘Tu canción’ es un regalo que emociona y hace conectar con los latidos rítmicos de la pareja. Es cierto que apostar por una pequeña gran balada puede ser un desatino. Salvador Sobral se sobró con su victoria y quizá los votos vayan a nuevas propuestas. ‘Lo malo’ era esa opción, pero el público parece que prefiere que Aitana War lo den todo al frescor del veraneo y las tarimas.

La gala de anoche fue muy sosa como espectáculo televisivo. Televisión Española y Gestmusic perdieron la oportunidad de crear un espacio más dinámico, cortando la escaleta cual programa al uso. Hasta las presencias internacionales quedaron deslucidas, por no hablar del jurado, que no juzgo su entidad, pero sí su carisma en las intervenciones. Salvando a la hermanísima Sobral. En cuanto a las puestas en escena me resultaron muy pobres, en general. Es cierto que el resto se tiene que dar en la cita de Lisboa, pero el talent ha demostrado que, cuando quiere, sabe poner patas arriba ese escenario. En el caso de #Almaia, el ying-yang del suelo sobraba, era demasiado ‘cutre-luz’. Ellos eran el todo y todo el mundo esperaba sus 'yoes' ancianos, bailando a la vida con pasión. El episodio beso, mi mente maléfica diría que alguien aconsejó se materializara en la votación final. En la rueda de prensa de esta mañana los medios preguntaban si chocarán sus labios en el magno festival. Al compás respondían que según lo sientan en el momento. El share sí que se resiente, pero para bien, cuando no ocultan ese magnetismo. Por mucho que la pamplonica se muestre recelosa, el marketing romántico siempre vende. A ver cómo se preparan de cara  a la gran cita. Por ahora tienen que afrontar la finalísima de esta operación tan bien orquestada. Miedo me da que acaben agotados con la cantidad de conciertos que anuncian, más la promoción y demás. Después de estos tres meses intensos es lógico que quieran aprovechar el tirón, siempre que no desdibujen los valores de estos chicos. El pasado nos dio muestras de las malas prácticas, aunque confío en que tengan las cabezas mejor amuebladas y asesoras a la altura.

Todos sabemos que Eurovisión en sí es un ejercicio muy politizado y geoamistoso. Es de elogiar la entrega de los eurofans, que cuidan todos los detalles y ayudan a mantener vivo el ADN de este encuentro de artistas y canciones. Habrá muchos españoles, dada la proximidad, que se desplacen hasta Portugal y se olviden de comprar toallas. O quizá encuentren unas con un bordado a lo #Almaia, símbolo de su éxito. Ojalá sepan mimar y presentar esta candidatura. Todo sea por acabar con los años fatídicos que llevamos a cuestas. Mientras tanto, fantasearemos con los doces en bucle y quién sabe si un Roberto Leal de maestro de ceremonias el próximo año. Será inevitable venirse arriba y escuchar el corazón contento de este par de enamorados. ¡Suerte y alma, #Almaia!

# SÍ · El punto de tranquilidad de ambos. En el directo es una garantía.

# NO · Agoney merecía defender un tema en solitario. Su voz rotunda y esa ilusión como festivalero confeso hubieran garantizado un espectáculo memorable. 

lunes, 29 de enero de 2018

Euroindecisión



Crecí con la sintonía de Eurovisión como banda sonora de momentos impagables. Desde bien pequeño me estudiaba la candidatura patria y no perdía de vista a los rivales. Fantaseaba con que todos los points fueran nuestros y que el galón se hiciera en un marco incomparable, a tope de brillo y tópicos. Nunca lo vieron mis ojos y mucho dudo que lleguen a verlo. A pocas horas del especial eurovisivo de OPERACIÓN TRIUNFO, no acabo de ver ningún tema como gran reclamo. Estaba claro que la tele pública apostaría por el formato de Gestmusic si el éxito acompañaba. Lo ha hecho y, de ahí, la confianza a los jóvenes cantores para defendernos en el histórico festival. Sin duda, musicalmente los cinco finalistas han demostrado capacidades y evolución en estos meses, así como alentar a las masas fanáticas. Otra cosa es que tenga el poso suficiente para afrontar una responsabilidad así. Sabemos que millones de espectadores siguen la noche y sus estribillos, al tiempo que la industria suele dar la espalda a los intérpretes que se suben al escenario infinito. Esta hornada, a excepción de Agoney (injustamente fuera del quinteto final), mostraba poco interés (nulo, diría) por recibir el ‘honor’ de ser el rostro y la voz eurovisiva. Es más, una vez recibidas las canciones de manos de sus compositores han demostrado unas actitudes poco respetuosas, con episodios de ego y soberbia que las cámaras mostraron en el 24 horas y valieron más de una bronca de la Directora de la Academia, Noemí Galera, y el resto de profesores. Cualquiera puede entender que opinen y quieran definir sus futuras carreras, algo que los pioneros ‘triunfitos’ no supieron cuidar. Véase la frustrante trayectoria musical de Rosa ‘de España’. El pseudo GRAN HERMANO al que han estado sometidos, sirviendo mucho material más allá de lo artístico, ha dejado en evidencia un lado menos naíf del que nos querían vender. El caso es que hoy se sabrá qué tema de los nueve aspirantes irá a Lisboa. Contará con mucho apoyo, pues la cercanía asegura que muchos eurofans tengan ya sus entradas de precio astronómico. Sinceramente, me cuesta apostar y visto algunos comportamientos de la audiencia, como mantener a una Ana Guerra escasita en lo vocal frente al poderosísimo Agoney, lo mismo tenemos sorpresa. No repartiré puntos desde un plató con croma, pero sí diré qué me parece cada canción.

| CAMINA | Grupal | Es un regalo que se han hecho los concursantes y que les reportará sus buenos royalties. Al estar concebido para los dieciséis y haberse colado en nuestras vidas catódicas, no me parece una apuesta de éxito. La versión final ha quedado bastante digna, pero se echan mucho de menos voces icónicas. Se quedaría corta por mucha coreografía o puesta en escena.

| AL CANTAR | Amaia | La pamplonica es un seguro de vida. Este tema conecta con la emoción de este momento que atraviesa y, sin duda, ha conseguido hacerlo suyo. Por mucho que a Rozalén, su autora, no le hagan demasiada gracia algunos cambios. Muestra su color de voz, pero podría perderse en la inmensidad de la gala.

| ARDE | Aitana | Como canción es la que más me motiva. Desde el primer momento se hizo con ella y potenció el lado más intimista. La muchacha será la nueva diva pop adolescente, no me cabe la menor duda. Yo soy más fan de su modo balada (‘Procuro Olvidarte’ me mató) que del efectismo bailongo. Aquí despliega su mejor versión. Tiene carisma y podría enamorar. Eso sí, sus nervios y las dudas de adolescente en ebullición (Vicente vs. Cepeda) restarían efectividad.

| QUE NOS SIGAN LAS LUCES | Alfred | Fue uno de los más críticos, por mucho que el autor resultó un tipo encantador. El tema es un guante, aunque él se empeñe en voltearlo una y otra vez. La anarquía del catalán no me gusta ni un pelo. Sus caras al cantar generarían rechazo y sorpresa, a partes iguales. Por subidito no le daría esta oportunidad.

| LEJOS DE TU PIEL | Miriam | Una gran canción, que en ella se me queda un poco plana. Porque la gallega será muy buena alumna, capaz de demostrar una versatilidad importante, pero a nivel emoción se me queda muy justita. No sería ni de lejos una Pastora Soler o Ruth Lorenzo, aunque como primer single sería solvente.

| EL REMEDIO | Ana Guerra | Soy poco objetivo con esta chica, porque creo que como artista, a nivel de numerazos, ha despuntado. Y si lo ha hecho es porque el programa ha potenciado esta faceta y ella ha sabido aprovecharlo. A nivel vocal está muy limitada, al menos en los directos. Este tema, que ella odia, será un hit de terraceo. Y, aunque lo odio, tendrá que cantarlo en bucle. Para Eurovisión me parecería una broma de mal gusto.

| TU CANCIÓN | Amaia y Alfred | El amor llevado a la música. Ellos trasladan su historia y los televidentes de cualquier rincón del planeta podrán verlo. Hay una sensibilidad cantada que merece la pena escuchar. Quizá no sea buena estrategia apostar por algo así, después del despliegue emocional de Salvador Sobral, pero ellos serían un tándem de éxito. Siempre que no haya un drama a lo ‘Escondidos’.

| LO MALO | Aitana y Ana Guerra | Pegadiza e irreverente. Aunque ellas no acaban de empastar voces y se hace raro en algunos tramos de la canción. El estilo es actualidad y levantaría a todos del sofá. Los nervios podrían ser muy traicioneros en este dúo. Aportar aire fresco sería un riesgo que merece la pena explorar.

| MAGIA | Miriam y Agoney | El tema ‘rescate’ del canario es un poco descarte. Aunque el dúo funciona, la letra ilusionista resulta un poco infantil. No veo que tenga ese chimpún eurovisivo. Me alegra que él en el directo pueda desplegar talento.   

Veremos qué canción cruza la pasarela para convertirse en historia sonora de nuestra televisión. ¡Qué nervios!

# SÍ · Es positivo que grandes nombres de la música hayan creído en esta edición y limpiar la imagen de este proceso selectivo. Aunque el bochorno del año pasado y el gallo de Manel Navarro forman parte de la memoria colectiva.

# NO · El reducir todo este entramado a una gala dentro del talent me parece insuficiente. Siempre hay que mirar a otros modelos, como el de Suecia, donde saben explotar las posibilidades de Eurovisión con un formato propio.


lunes, 1 de enero de 2018

Televieja



Desde que tengo uso de razón mi sitio estaba frente al televisor. El electrodoméstico más mágico que alguien creó para mi disfrute infinito. Cuando el calendario marcaba Navidad me informaba de los especiales de las cadenas y saltaba de unas a otras, para no perder detalle. Lo que entonces eran excesos y episodios memorables se han difuminado hoy a unos mínimos que no entiendo. Puede que el consumo sea menor y la fragmentación de audiencias haga demasiada pupa, pero el medio tiene que contagiar ilusión y apostar por formatos brillantes. Nada que ver con lo que nos han ofrecido estos días. Los enlatados y refritos eran un déjà vu constante, por mucho que adore a Raphael. El maltrato a la música es algo inaudito en nuestra tele. Necesitamos recuperar los directos a lo grande, como está haciendo OPERACIÓN TRIUNFO o LA VOZ. Que los numerazos se llenen de lentejuelas y bailes espasmódicos. Es lo que ocurría en otras décadas, cuando se alzaba a los números uno del momento al primer plano y contagiaban con sus éxitos las noches festivas. Hoy, salvo honrosas excepciones como CACHITOS, en La 2, el recurso al karaoke zapeado resulta deprimente. Lo mismo con los ejercicios de humor, un bucle que aporta cero. Eso sí, aplaudo que HOMO ZAPPING se salte el protocolo y hagan unos gags para enmarcar. Con una realidad digital apabullante y nuevos modelos de narrativa, incluso caras que cuestionan lo establecido, es necesario apostar por otros esquemas de contar hasta los chistes.

Como amante del directo, aplaudo la decisión de Mediaset por colocar su locura salvamizada. En un contexto más propio del anuncio amodioso, Jorge Javier y los suyos fueron la perfecta proyección del surrealismo de cada casa. El especial que justificaban con videoclips con ‘famosos’ fue una excusa, sin más. Apenas dieron bombo a esa parte del autotune y se limitaron al ejercicio de ser ellos mismos. Quizá demasiado. Especialmente en el post-uvas, cuando el presentador se despelotó e hizo un espectáculo digno del mayor cuñadismo televisivo. Si araña share, ¡bienvenido 2018! Quizá yo no viera la gracia a su ego cantado y los pantalones por el suelo, pero seguro que sus espectadores agradecían el gesto ‘espontáneo’. La competencia prefería a una Chenoa más triunfal que nunca, justificando contrato de exclusividad en un pase a vídeos muy ramplón. En la pública José Mota engrosaba sus arcas con sus más de lo mismo, otra concesión absurda del ente.

Del capítulo Campanadas. Básicamente resaltar el evento Pedroche. Habría discusiones por el mando y decepciones cuando se abrió el abrigo rojo y se quedó en el mono de superwoman, tapando sólo sus desvergüenzas. Esas que su marido emplatará, un año más, para jugar al selfie tonto. Chicote al lado de la zapeadora era una ensalada mal aliñada. Nada que ver con el tándem Ramontxu-Anne, perfectamente engrasados. Él capeado y ella de rojo subido. Sobrios y encantadores, con alusiones a la triste realidad, amén de un guión que perfectamente podía ser de décadas pasadas. Sin faltar la conexión canaria, tan estrambótica que chirriaba, en comparación. Fieles a su reality, el quinteto salvador hizo de las suyas. Apelando a las emociones, los chismes y las puyas a Lydia Lozano. Demasiados egos a repartir el balconcillo, pero fieles a su identidad criticona. Quisieron llenar minutos con múltiples tramas, un ir y venir de tópicos que sobraban. El guiño a la audiencia y sus fotos del momento se quedó pobre. Bastante tenían con aguantar lloros y entender el surrealismo de plató. Me tranquilizó que Terelu come las uvas peladas y sin pepita, como yo. Demasiada telepromoción, mezclando la cebada con la cafeína y unos estilismos de relumbrón. Seguramente que el rédito del audímetro sea bueno. Aunque inferior al hito de JJ y la Esteban, logrando el mejor dato de las privadas, como bien se apresuró a recordar.

Los posteriores de madrugada fueron un triste inicio anual. La 1 con los simpares Eva González y Carlos Latre, con entradillas del pleistoceno. Los artistas no fueron de lo más top, ni el propio escenario, con apenas público de brilli-brilli. Nada que ver con la parodia de MI GRAN NOCHE, la película de Álex de la Iglesia, que supo recrear los contextos absurdos de una mítica Nochevieja. Antena 3 siguió refritándose sin pudor y Telecinco recuperó el concierto de Alejandro Sanz. Casi mejor que el desparrame del desdibujado José Luis Moreno. ¿Cómo se habrá ganado los cuartos el rumano/búlgaro/ruso de dos metros que hacía los teatrillos? Un misterio digno de Íker Jiménez. Como otros tantos que espero se resuelvan y acaben con renovar el espíritu catódico en un momento tan singular. ¡Feliz 2018! ¡Que la tele nos sorprenda… para bien!

# SÍ · Habrá quien esté pendiente de los primeros anuncios del año. En mi caso, no puedo evitar descubrir los avances de temporada. Por mucho que sepa qué novedades están al caer, es emocionante ver el compactado de programas, series y películas. ¡Tele-adicción!

# NO · Mi cruzada contra el más de lo mismo. Hay mucho talento que se merece un hueco. ¡Basta ya de repetir esquemas y caras!

jueves, 9 de noviembre de 2017

¿Hormigas? Las justas...



Son muchas temporadas de EL HORMIGUERO. Infinitos los rostros conocidos, premios y minutos de oro que acumula. Poco se podía esperar cuando comenzó en las sobremesas del fin de semana de Cuatro, pero un equipo bien engrasado y el buen rollo como filosofía enamoró a la audiencia. A muchos, audiencias mediante, entre los que no me encuentro. Y sé el motivo, ¡no soporto a Pablo Motos! Recuerdo que animaba mis tardes adolescentes desde la radio, junto a Julia Otero. Entonces me parecía gracioso. Con la fama y un show a su medida me resultó insufrible. Su pose de colega, esas preguntas fuera de lugar, los dejes de pseudo-macho alfa, ese continuo pasaba por allí tan ensayado. Todo en él me chirría. Admiro la capacidad de liderazgo, porque como productor ha sabido rodearse muy bien y construir un formato que conecta con pequeños y mayores. Aunque si tengo que juzgarlo como comunicador reconozco mi tirria. Tanto que me cuesta sentarme a ver el programa y lo hago en contadas ocasiones, en las que el invitado/a me interesa mucho, mucho. Entonces vuelvo a darme la razón, cuando pierde oportunidades de entrevistar a alguien con mucho contenido y se queda en la bobada. Asumo que no hay un espacio similar en la parrilla, de ahí que los estrellones mediáticos se peleen por aparecer en su plató. Aplaudo los juegos con el público, recuperando a los anónimos con fuente de momentazos. En el mítico UN, DOS, TRES los concursantes asumían mucho peso en el desarrollo del espectáculo y cuando ocurre esto entre el hormigueo cotidiano se agradece. Como algunas secciones, entre lo insólito y lo original. Especialmente dando a la Ciencia un hueco catódico de lo más interesante. Aunque no entiendo esa pasión por el modelo de guapa que lee el guion y suma gracietas. Surrealista el papel de una Pilar Rubio que no acaba de encontrar brillo propio. Bordará sus retos, pero se queda en una starlett vacía de contenido.

El más difícil todavía es una máxima que suelen cumplir, apostando por la innovación y crear personajes. Las propias hormigas son un ejemplo, consiguiendo que un elemento de trapo tenga universos infinitos y un cuantioso rendimiento económico. Me gustan Juan y Damián, con genialidades en plano sin efectos de voz. Ernesto Sevilla es hilarante, en perfecta suma con los cameos de Joaquín Reyes y esos trailers sin pies ni cabeza, pero maravillosos. El Monaguillo chilla por encima de sus posibilidades. Jandro tiene una sensibilidad especial con los peques y su pasión mágica traspasa la pantalla. Que el señor Jorge Salvador esté en su taburete cual abuelo que mira la obra es un guiño que me parece innecesario. Marta Hazas es pura luz, aunque tiene talento para más. Ana Morgade cae en sus excesos, cero natural. Que sustituyera a la Simón es un misterio sin resolver, perdiendo una n en el nombre. Mónica Cruz hace honor a su apellido. ¿Falta alguien? Aquí en seguros sociales tienen un pico. Marron tiene que aprender a vocalizar y el chico de los deportes de riesgo controlar esa sonrisa. Yi Bing hace mucha gracia al presentador, pero una vez vista suficiente. Seguro que me dejo a alguien, con semejante elenco es normal que el gallo del corral esconda muchas de sus debilidades. Que las tiene, por mucho que se frote consigo mismo.  

¿Es el precio del éxito? Quizá de la ausencia de competencia. Lo de la pública es un despropósito. Por su parte, Mediaset no sabe con qué acertar en el access, especialmente en Telecinco, donde los tumbos de unos días y otros resultan insólitos. En Cuatro parece que FIRST DATES se ha consolidado con el cupidismo gastro-voayer. Querido Paolo, a ver si sacas a jugar a algún titular y diseñáis un guante de garantías. Se habla de un bloque informativo con Isabel Jiménez, pero yo optaría por un talk-show divertido, con una cara que arrastre a lo Ellen DeGeneres. Ahí dejo mi propuesta. Sin duda, el motor de Motos se debilitaría. Y así sacaría a pasear su mejor versión… si es que la tiene.

# SÍ · Su vídeo de bienvenida, cada nueva temporada, es un ejercicio creativo impagable. Dado el nivel de invitados se suman rostros de primer nivel que entran al juego y logran un resultado genial.

# NO · Pablo NO me vende la moto.

martes, 24 de octubre de 2017

'OT' no cruza la pasarela



El tiempo vuela y, a la vez, los hábitos de consumo mediático. Hace dieciséis años nos enamoramos de unos jóvenes inocentes, que con mayor o menor talento artístico, representaban el sueño de vivir, en carnes propias, una auténtica OPERACIÓN TRIUNFO. El formato revolucionó por incluir la convivencia como elemento de enganche. Vivimos el día a día de los muchachos encerrados en la Academia, aplaudimos el rizo cerrado de Nina, los tonos en su sitio de algunos invitados, los romances (escondidos o no). Fue una gallina de los huevos de oro con discos que vendían como churros las grandes superficies. La élite musical protestó por la grandilocuencia de los recién llegados, pero la pataleta sirvió de poco. Lograron un éxito sin (casi) precedentes. La historia posterior es por todos conocida. Los golpes de realidad fueron desiguales, con la pobre Rosa como la peor parada del invento. Hace unos meses ella y sus compañeros se reencontraban ante la mirada millonaria de la audiencia. Entonces, sin haberse ejecutado la cobra, los mandamases pensaron que era buen momento para retomar el programa. Su paso por la privada del rosa chillón se quedó un tanto descafeinado cuando decidieron poner de presentadora a una Pilar Rubio, de lo más limitada. El caso es que anoche, salvando la introducción, llegó el momento de convocar ante el televisor a los más nostálgicos. Esos que se estudiaban las galas, incluso sumaban absurdeces del merchandaising. La campaña previa en redes, con visionados de la virginal edición, ha estado bien construida, aunque parece que ha sido insuficiente. El 19% de share en una noche de estreno así lo refleja. Sin duda, la duración eterna de esta noche debutante fue un lastre. Parecía que la competencia de última hora con LA QUE SE AVECINA podía serlo, pero se quedó en un segundo puesto, lejos de sus datos gloriosos.

El inicio en exteriores, con fallos de sonido y un Roberto Leal hecho un flan no era el impacto esperado en un resurgir. Quizá un guiño de los memorables Bisbal y compañía hubiera conectado con esa esencia de show emocional. Optaron por un fatídico vídeo de casting, eterno y a destiempo. ¿Nadie pensó en un punch que atrapara? Para cuando acabó el repaso a la selección más de uno había bostezado en bucle. Siempre con un pensamiento, el mismo que yo me repetía: «¡Nunca será igual!». Eso sí, me gustó el momento ascensor de la decisión final y me resultó curioso que eliminaran a la chica que podía recordar a Rosa, en versión ELECTRODUENDES. La comparación hubiera sido demasiado obvia. La cabecera muy neón y con la música original me gustó. Entonces entro ella. Mónica Naranjo. La mujer. La diva. La arista. La miembro del jurado. Su actuación grabada, pues una femme fatale como ella no se cambia en un pliqui y lo sabemos, fue un inicio bestial por la voz de la pantera de Figueres. Eso sí, estaba pasada de luces. Como su ídolo, esto fan, me despertó ganas de espectáculo. Otra cosa es que piense que era una concesión muy fácil el que ella abriera la noche. Lo suyo hubiera sido apostar por un nombre internacional que impulsara la máquina. La expectación por descubrir el plató dio paso a la decepción. En pantalla resulta más pequeño de los anteriores, especialmente el espacio reservado a las actuaciones. Mucho led y geometría, pero poca chicha escénica. El giro de las zonas de mesa y sofás se queda pobre. La muchedumbre de público está muy perdida, cuando podían sacar más partido a semejante gentío.  

Del triplete en juicio me quedo con el consejo de la Naranjo sobre el ego, precisamente viendo de su yoísmo, aunque es bueno que los chiquillos lo guarden en los bolsillos. Y sí, metió la pata y el colectivo que la aupó puso el grito en el arcoíris cuando heteronormalizó sus comentarios. El desconocido Ji-Joe se proclamó guardián de la música en sus intros tan poco naturales, mientras el hijo Raphael y Natalia Figueroa sacaba pelo en pecho. Sus comentarios técnicos fueron pedantes. Incluso el tono y los chascarrillos tan guionizados. Feo que se viera la cinta aislante que sujetaba sus micrófonos. El del maestro de ceremonias estaba en su sitio, pero él no siempre. Mejoró según pasaron las horas (¡qué remedio!) y desplegó buenas actitudes. Desde luego, hoy en día Carlos Lozano haría el ridículo. A todo esto, la primera actuación fue a las 23:00 horas y no nos tenían enganchados. Porque lo que habíamos visto de los aspirantes eran muchos derroches vocales y un buen rollo chirriante. Amén de unos estilismos horribles, de los que el equipo no quiso hacerse cargo al recalcar que los habían elegido ellos mismos. Eso sí, el del cuerpo de baile no fue mucho mejor. «¡Ya soy un triunfito!», gritó uno de los dieciocho, un gesto que sí remitía a eso que sabemos que fue algo histórico. Como habitual es que la mosca de la tele campe a sus anchas en los estudios, con manotazos en primer plano para aliviar su vuelo.

Las actuaciones fueron una mala madrugada de karaoke, con los temas elegidos por su enemigo. Más desafinados que Manel Navarro en su eurodrama. Lo del semitono por arriba de uno de ellos fue dantesco. En LA VOZ no pasan estas cosas y eso que sus audiciones están desnudas de opulencia. Reconozco que esta hornada tiene espontaneidad y muy fiel a diferentes estratos de la juventud. Los ensayos previos debieron ser insuficientes, tal y como han reconocido los profesores. La propia Noemí Galera les lanzó el zasca nada más llegar a su nuevo hogar y el primer visionado de debut ha sido grimoso.  Ni la pobre Rosa de España sirvió de revulsivo. Su discurso a trompicones era un lugar común de alguien que no abandona la mirada triste. Y qué decir del vestido de bodorrio con el que cantó su single. Fuera de contexto. El proceso de elección y duda fue algo pesado, como todo el desarrollo. Gracioso fue el desatino de Mario, uno de los perdedores, que repetía «¡Jolines, hay que tener de todo!». El carisma, muchacho, es insuficiente para cruzar la pasarela. Mucho tendrán que trabajar para que los telespectadores sientan esos vibratos, el color de sus voces y perdonen los falsetes. Yo, de momento, seguiré OTeándolo. 
                                                                                                                                                                   
# SÍ · Sin mucha parafernalia, con planos sencillos y declaraciones de intenciones. Así fueron las piezas que nos pusieron cara y nombres imposibles (muy de realities) a los cantarines.

# NO · Mucho anunciar la APP oficial para que fallara. Mala previsión.

miércoles, 18 de octubre de 2017

¡Marchando otro MasterChef!



La cocina siempre ha sido un elemento de éxito televisivo. Es cierto que las recetas de Arguiñano han evolucionado menos que sus chistes, pero los productores han sabido introducir elementos innovadores en otros formatos. El mejor ejemplo es MASTERCHEF, un talent culinario, basado en el entretenimiento como ingrediente principal. Cinco ediciones de anónimos con aspiraciones a cocineros de estrellas infinitas, otras tantas con pinches bajitos y dos con famosos en los fogones, atraídos por la cuota de pantalla y los cachés, demuestran que el público gusta de este particular plato catódico. Con motivo de su programa 100 aprovecho para compartir mi visión del programa, al que reconozco me enganché tarde. La coincidencia con otros enganches en la parrilla y la pereza por algunos de sus elementos más visibles me hacían posponer sin fecha un visionado en condiciones. Básicamente lo poco que había zapeado coincidía con ejercicios bordes y desairados del jurado. Cuando no con una entradilla forzada de su presentadora. Ahora que he consumido alguna temporada completa he de confirmar mi negativa respecto a las caras más visibles. Jordi, Samantha y Pepe me caen mal. Empatizo cero con ellos, sus bromas y considero que sus comentarios se pasan de tono. Supuestamente quieren enseñar, o esa sería su pretendida labor, pero consiguen un desapego importante. Ellos llevan el peso del show y justificarían la ausencia de la ‘maestra’ de ceremonias. Porque por muchos platós que lleve sobre sus tacones la que fuera Miss España no puede considerarse tal cosa. Eva es perfecta para la revista del saludo, pero no es una buena comunicadora. Quizá sea efectiva en Canal Sur al frente de SE LLAMA COPLA, luciendo salero y faralaes, pero no en un prime time. Es  un maniquí de alta costura que intenta colar una naturalidad fingida. Así que el cuarteto reincidente me resulta digno de sustitución inmediata.

Aplaudo la calidad de imagen y lo cuidado de la realización. Tanto en el propio set cocineríl como en los exteriores, algo que se está perdiendo y da mucho juego visual. El programa tiene una identidad muy marcada y cuidada, dignificando una televisión pública que aspira a reencontrarse. Me encanta la capacidad de sorpresa con los propios concursantes, planteando retos constantes que enganchan al televidente. Cualquiera se mimetiza y fantasea con tener el delantal en la lucha contra el reloj. Muy acertados son los totales constantes de los protagonistas, permitiendo la identificación y cercanía. No tanto la duración imposible. La mecánica de los tres fragmentos se estira demasiado, más al programarse tarde de por sí. Quien se inventó el access no contaba con la posibilidad de que Cárdenas hiciera un yoísmo audiovisual y lo emitieran en la tele de todos. Me gustaría saber si ante la inminente llegada de OT piensan cargarse a este dudoso telonero. Quizá así puedan ampliar la fórmula y no restar a uno de sus escasos éxitos, junto a la serie ESTOY VIVO.

Echo en falta material de la formación fuera de cámaras, quizá me pueda la curiosidad a lo reality. Los aspirantes desconocidos incluso conviven a lo GH, de ahí que el fuego avivara historias como la de Jorge y Miry. Me resulta muy curioso que se obvien las recetas y que en el desarrollo los cocinillas parezcan saber de pé a pá menús insólitos. Toda esa intrahistoria se merece buenos planos, para entender mejor la capacidad de aprendizaje o la vocación real de unos y otros. Tampoco me gusta el product placement descarado de la cadena de alimentos en bucle, ni la misma retahíla del vidrio o los comedores sociales. Buena labor en ese sentido, como los donativos a ONG’s. Una suerte de responsabilidad televisiva y corporativa que hace las veces de buenismo. Hay momentos en que chirría. Las apariciones de prestigiosos chefs, más humanos que el equipo oficial, aportan categoría al montaje final. Eso sí, se nota que pivotan siempre sobre los mismos nombres, cuando hay mucho profesional de la Hostelería que no tendrá michelines estrellados, pero sí un talento digno de compartir. Llevó la delantera a su primo hermano, TOPCHEF, logrando un hueco de degustación. El alternar ediciones y recuperar rostros es otro clave de su rendimiento. Así como el papel de las redes, lideradas por el polifacético Abel Arana, quien pone el humor que les falta a los dueños del plató-cocina. Los teléfonos echan humo para protagonizar nuevas temporadas y los campamentos se frotan las manos pensando que habitaran a los chavales del infernal anuncio. Tanto hacer marca se hace pesada. Con probar el bocado semanal me vale. Y no, no me apuntaré a la escuela online. ¡Qué empacho!

# SÍ · Es un escaparate ideal de la gastronomía y los rincones que se suceden a lo largo del país. Así que despiertan el hambre y el turismo bien servido.

# NO · Chefs. Ellos. Ciao.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Gran Hermano: Tótum Revolution



Esperaba más del estreno de esta nueva edición de Gran Hermano. El padre de los ‘realities’ nos sorprendía con la invasión de los 100 candidatos finales a entrar en la casa. El giro prometía, porque se saltaba la regla básica de mantener el misterio de los habitantes y así la sorpresa se sucedía entre la audiencia y los propios protagonistas. Cualquier espectador ansioso de encierro televisado estaría de uñas, pensando en haberse perdido alguna de las tramas centenarias de esas horas cuasi invisibles. Porque el aperitivo que emitieron el lunes se quedó en la gran anécdota de la cifra y aquella puerta que poco más y se vuelve giratoria. Apenas nos dieron algunas pinceladas de madres, hijos, ex y viceversa, que parecía más de lo mismo. Si esa era la revolución, se quedaba en agua de borrajas, pero GH ya había empezado sin el piloto rojo encendido y Mediaset esperaba exprimir un formato histórico. La emblemática gala cero comenzaba presentando el plató, correcto, pero insuficiente, en mi opinión. La escalera de vedette surgió como un guiño a LA LLAMADA, película de la que el propio Jorge Javier Vázquez es productor. El de Badalona apareció, más que nunca, como una versión carnal de Buzz, el mítico presentador de los videojuegos con icónico tupé. Y, sinceramente, volví a sentir la ausencia de la gran Mercedes Milá. Admiro mucho el talento de J.J., pero considero que este espacio requiere mucho más que su chispeante personalidad, amén del rosario de bromas. Su perfil es perfecto para ‘salvamizar’ entrevistas y demás, pero termina contaminando el esquema de contenidos del show de Guadalix de la Sierra. Es lo que pasó en la edición anterior y mucho me temo que volverá a suceder este año.

En cuanto al casting, como buen amante de la primera edición, la sensación no puede ser más que nos encontramos frente a personajes más que personas. Quizá la apuesta por los vídeos de la propia selección no ayude, pues en esas piezas se nota que buscaban la provocación y ser altamente prototipos y tipas. Los días de aislamiento siempre ayudan a que se relaje esa necesidad de provocación y escándalo. O de patrocinar el abdominazer, porque anoche hubo mucha tableta gratuita. El grupo definitivo, a falta del par de elegidos por votación popular, resulta extraño. La belleza se funde con la extravagancia y los egos tendrán que convivir con los caracteres más chocantes. Materia viral donde las haya. El juego de luces que determinó el plantel de inquilinos fue muy visual, con el pantallón y ese primer plano tan poco favorecedor del presentador. Los juegos posteriores resultaron cansinos y hasta aburridos. Es normal que tuvieran que introducir elementos diferenciales, pero se alargó demasiado y la ansiedad de las cobayas numeradas traspasaba aquellas paredes. Resultaba hasta sádico el jugar con esa ilusión de convertirse en reclamos de bolos discotequeros y su negación a decidir por unanimidad quién ocupara una de las plazas fue la mejor revancha.

La casa en sí me parece demasiado chillona. Los ventanales de aire andalusí no me pegan nada. Me gusta el recuperar la piscina, inaugurada en el directo por el par de Cristianes de guapo subido. También que la cocina sea una estancia separada. La paleta de colores es tan excesiva como el gentío, a modo de manifestantes, que pisaron el chaletazo catódico y lo dejaron hecho unos zorros. El confesionario siempre sorprende y esta vez cumple con el sofá popero y esa ilustración animal. Poco más que añadir. Bueno, un dato importante o no. El de la audiencia que parece no tenía tantas ganas de compartir con estos vividores su mudanza. Se hablaba de golpe de efecto de Mediaset estrenando en martes su niña mayor de edad de la telerrealidad, para apagar la llegada de MASTERCHEF CELEBRITIES. Y pasó lo inesperado, que los cocinillas VIP guisaron el liderazgo, apagando la reentré del Súper y cía. Es curioso que hoy se haya cancelado el regreso del dueño del cortijo a SÁLVAME, anunciado con insistencia en programas anteriores. Me temo que los despachos echan humo para que la gala de mañana, jueves, tenga mucha chicha. Es más, en el propio programa vespertino de Mediaset están hablando de una de las concursantes con mucha transfobia, aludiendo a su pasado y una supuesta vinculación con el machirulo de apellido nefasto. La ingeniería del escándalo promete capítulos impagables. Y a todo esto se han cargado el 24 horas, con un aluvión de críticas y fatales nominaciones. Veremos qué juego da el modo revolucionario de esta familia tan expuesta. Coco Chanel, el perro de Nerea, está tranquilo y pide que mantengamos a su dueña lejos un tiempo. Pobre criatura. ¡Feliz aislamiento! 

# SÍ · La línea gráfica de este GH: Revolution es muy potente. Minimalista, pero efectiva. El ojo ahora tiene fuerza, rebeldía y pasión, elementos que vertebrarán la estancia.

# NO · Resulta imposible asimilar ciertas personalidades. Hay otra realidad que desconocemos hasta que llaman para ser ‘grandes hermanos’. Benditos memes.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Novedades a la parrilla



Me recuerdo nervioso. Con ganas de descubrir las novedades de ese electrodoméstico que me tenía atrapado. Entonces devoraba la información por las revistas especializadas. Cualquier dato me servía para calcular las apuestas, descubrir nuevos rostros, especular con formatos. Todo lo que rodeara a la tele era mi pasión. No podía evitarlo. Incluso en mis juegos más inocentes. Me sabía al dedillo todo lo que pasaba en su interior. Con los años no perdí esa conexión y siempre supe cuál sería mi profesión. Aunque conocer desde dentro la realidad del sector me ha hecho relativizar muchas cosas, incluso perder bastante (por no decir toda) la fe laboral, mantengo mis viejas ‘costumbres’. Es llegar Septiembre y no poder evitar esa curiosidad por la temporada catódica a estrenar. Esta semana desembarcaron algunos de los ases de las cadenas para escenificar el cortejo a los espectadores. Con resultados desiguales, no parece que haya hitos del todo reseñables, pero sí me gustaría comentar algunos de esos debuts.

< ELLA ES TU PADRE >

Hacía mucho tiempo que Telecinco no renovaba la cuota de ficción de humor. LA QUE SE AVECINA funciona muy bien, pero hay que diversificar el catálogo. La premisa travestida resulta muy absurda aquí, pero el trabajo solvente de Carlos Santos sostiene (o lo intenta) la trama. El resto de interpretaciones son muy flojas, a excepción de la brillante Belén Cuesta, siempre auténtica y de Goya. Lo de Rubén Cortada (desnudos mediante) no tiene nombre, ni la inclusión con calzador de Alaska y Mario Vaquerizo. El guion es simple y poco efectivo. Llegó bien por falta de competencia, pero no creo que aguante toda la temporada y, si lo hace, será sufriendo. Dado que el lunes es el día con más consumo televisivo no creo que Mediaset se permita el lujo de confiar en un serial tan irregular.

< EL INCIDENTE >

Los directivos de Atresmedia han necesitado pensárselo varios años para colocar esta historia. Con una buena factura y un elenco de lujo, el balance final me resultó muy vacío. Retazos de otras series ya superadas (como el embarazo de la virgen, a lo Jane ídem), intrigas muy artificiales, esos puntos de drama cero sutil. El surrealismo no vende, pienso que el televidente quiere sucesos reconocibles. Hablando de emisiones generalistas, que hay muchas propuestas rarunas con tropas de fans, pero no será el caso. Por mucho que Marta Etura preste sus constantes vitales de ‘ay’ extendido en cada plano. Su supuesto traslado a La Sexta significaba una estrategia de desconfianza total en la capacidad viral del producto, aunque quisieran venderlo como una sinergia positiva. Al final se ha quedado en Antena 3, para hundirse con sus fatalidades frente a la competencia.    

< HÉROES, MÁS ALLÁ DEL DEBER >

Los docurrealities tienen un potencial muy fuerte. Con una gran realización y una línea gráfica impecable, aquí nos presentan a cinco protagonistas cuyo trabajo merece focos y un ejercicio de voyerismo descarado. Muy en la línea de POLÍCIAS EN ACCIÓN somos testigos de detenciones, intervenciones médicas, incendios… Hechos que provocan ese interés morboso que funciona de lujo. El extra es la parte emocional de los héroes sin capa. Un buen prime time para Cuatro, que necesita de productos con una continuidad como EN EL PUNTO DE MIRA. Remite un poco a los orígenes del canal, aunque con la cuota amarillenta de Mediaset. Esa realidad que no descansa, carne de titular, promete secuelas. Desde luego, prefiero esta premisa que las interpretaciones de CENTRO MÉDICO, muy poco creíbles, por mucha divulgación que hagan de los hechos clínicos. 

< ESTOY VIVO >     

Mi mayor aplauso va para este experimento entre lo futurista y lo trascendental. Somos poco dados a hablar de la muerte y el planteamiento tan peculiar del cielo y sus habitantes resulta muy curioso. Quizá demasiado rompedor para el target objetivo del ente público, pero con una brillante realización. Es más, todo el lenguaje remite a lo cinematográfico, superando con creces a las rivales anteriores. Actoralmente prima la solvencia de Javier Gutiérrez, Alejo Sauras y una chispeante Anna Castillo. Quizá me resultó excesiva la presentación del conflicto con Roberto Álamo y su trágico no final. Sin duda, La 1 necesitaba recuperar la confianza en sus ficciones. El punto de partida del personaje principal asegura episodios interesantes, veremos cómo los resuelven. Lo peor, su horario tardío, lastrada por el patetismo insufrible de Javier Cárdenas, empeñado en ‘mortificarnos’ con HORA PUNTA.   

En cuanto a la ‘vuelta a la parrilla’ se ha limitado a los magazines y programas diarios, con el hito del flequillo de Ana Rosa o los nuevos grafismos de ESPEJO PÚBLICO. La que estrena carpeta es Lara Álvarez, quemada de más entre DANI&FLO. Su función parece insuficiente para levantar los nulos resultados del show. Por suerte, quedan más intentos para las teles y su obsesión de liderar sólidamente. Aunque la fragmentación de audiencias haya empobrecido los datos y ese 20% de share, justo y necesario históricamente, parece hoy un milagro. Quizá tengan que pedir a la Diosa Julia Gutiérrez Caba que extienda una de sus pantallas virtuales y cambie el panorama. 

# SÍ · Por el momento los canales se han respetado y han optado por no contraprogramar. Ojalá sea así todo el año y no hagan que el espectador esté perdido, maltratando los productos y teniendo a los equipos de trabajo con miedo a fatídicos desenlaces.

# NO · Seré pesado y lo diré cuantas veces sea necesario, pero echo mucho de menos aquellas galas fastuosas en las que se presentaba el arsenal de las teles para la rellenar cada franja. Con aquellos estilismos desorbitados, números musicales de dudoso gusto, guiños entre compañeros... Eran oro puro y un modo promocional perfecto. ¡Que vuelvan, que vuelvan!

martes, 8 de agosto de 2017

El Lerele 8.6



Hubo tiempos en que la televisión pública dedicaba noches y noches a programas de entrevistas con elocuentes anfitriones. Desde Ángel Casas a Pedro Ruiz, pasando por Mercedes Milá o Julia Otero. Eran espacios unipersonales donde la palabra tenía todo el protagonismo, de la mano de personajes del momento. En los últimos años se había perdido totalmente esa capacidad de contar, de dar tiempo a una charla relajada, de poner el foco en algo tan sencillo como enriquecedor. Curiosamente, fue Bertín Osborne quien recuperó esta esencia, logrando conectar con millones de espectadores. Personajes poco dados a mostrarse llamaban a su puerta o abrían la propia para contar y contarse. Las exigencias del cantante cañí acabaron con su fichaje millonario por Mediaset y el trasvase de formato. Eso sí, sin alcanzar los réditos de origen. Las lenguas catódicas contaron entonces que buscaban un reemplazo eficaz que recuperara ese nicho de televidentes. Hasta que Gestmusic puso en bandeja a una Lolita Flores, perfecta sustituta de caseríos varios. Con un programa muy a su medida, estrenado seguramente a destiempo. La idea de LOLITA TIENE UN PLAN es que la hija de La Faraona ejerza de ella misma en una casa de alquiler, que hace las veces de su Lerele particular. Un cuadro de Lola da la bienvenida a un triplete de invitados que se dejan seducir por el encuentro y las sorpresas que la hijísima tiene guionizadas. En el estreno tres actrices rompieron el hielo de forma muy efectiva y cercana: Lola Herrera (m-a-r-a-v-i-l-l-o-s-a), Cayetana Guillén Cuervo (h-a-s-t-a-e-n-l-a-s-o-p-a) y Adriana Ugarte (p-e-r-f-e-c-t-a). El elenco sirvió para que la propia casera se sumara como una más y fluyera el momento.

Había mucha expectación por saber qué elementos de MI CASA ES LA TUYA aparecerían, cual cromos repetidos. Ya se sabe que llegar a rebufo es un hándicap, lo cual no implica que se pueda superar al original. En mi opinión fue el caso. Es cierto que los planos de contexto, el elemento puerta, la envidiada piscina o los comentarios a cámara son primos hermanos. En el caso del campechano rostro de Telecinco juegan a la entrevista previa, como aperitivo. Aquí trufa la emisión y amplía el hilo conversador. Aunque los piropos de ida(s) y vuelta(s) chirriaban, me gustó que el concepto fuera más allá de dar a conocer el personaje. Eso que la competencia da tanta importancia, incluso con el punto ‘ingenuo’ del presentador, que pregunta como haciéndose el tonto. El planazo naturalizaba el comer en TV, algo muy con sello SÁLVAME,  e incluía el poder de la palabra. Tanto como cuidar los recuerdos y poner la mesa como enlace social de intimidades sanas, pero principalmente compartiendo temas de interés o debate cultural. Eso que, como profesionales con inquietudes y reivindicaciones, unía al reparto. Desde protestar por los escasos papeles de edades reales o para mujeres adultas o, sin más rodeos, la telepromoción, a modo de queja, en la que Lolita lamentaba la escasa suerte de su hija, harta de ir de casting en casting. ¡Suerte, Elena! Veremos si en próximos episodios tu ‘mamá-mánager’ es capaz de nadar tan bien y sumarse a la corriente o precisa de más ayuda del equipo de redacción.

Otra observación, los primeros planos de las arrugas son un peligro para el HD, que no perdona. Como la emoción en la mirada de la joven Adriana, ante los elogios de la gran Lola Herrera. La misma que sufrió el ‘Castañagate’, al perder su elemento de la suerte en un taxi y encontrarlo una Lolita en horas bajas. Nada nuevo, porque ella se ha preocupado por tenernos al día en posados y exclusivas. Curioso fue que se autodenominara «jugativa» y pusiera en acción eso, un juego, para avanzar. Quedó natural, aquí no había pelotas ni despliegues machirulos, más bien naturalidad. Las verdades y las mentiras siempre tienen un punto de enganche, más para los voyeurs desde su sofá. Y así lograron otra excusa para las confidencias entre diferentes generaciones de actrices. Con otros tantos éxitos que pululaban entre planos. Por ahí dijeron colarse un espíritu muy de “si me queréis, irse”. Cortinas mediante, pero no se fue nadie. Es más, llegó el polifacético Edu Soto y fue él quien puso el punto cantarín a la noche. Su homenaje en temas a las invitadas resultó un poco largo, tanto como él y su talento. Se nota que la productora sabe sacar provecho a sus estrellas, pues él y la inquilina compartieron TU CARA ME SUENA. Para cuando entonó todo su repertorio la que fuera directora de UN PASO ADELANTE no sabía qué hacer con los palillos chinos. Del sushi fueron a su moño y para entonces eran su marcador rítmico. Muy total. No lo fue tanto su rendimiento, pues el estreno se conformó con un pobre 8.6% de share y 1.077.000 espectadores. La escasa promoción y el hueco veraniego no jugaron a favor. Aunque en las redes los comentarios fueron muy positivos. Yo repetiré, con la esperanza de que Lolita no cante el ‘Sarandonga’ y rompa el clima.  

# SÍ · Me gustó mucho que en el pequeño ‘confesionario’ de declaraciones, junto a las fotos de la folclórica familia, cada invitada tuviera silla propia, acorde a su personalidad. Una vintage, otra farandulera y la última sofisticada. ¿Quién era quién?

# NO · El tratamiento de las imágenes de recurso se me quedó pobre. Demasiado planas. Un programa así permite juegos algo más creativos para el equipo gráfico. Es un tanto aprovechar el archivo histórico del ente público, mejor con una presentación atractiva.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Del dicho al canteo



Sentados en sus despachos, rodeados de gráficas, con el teléfono echando humo, cruzando los dedos para acertar… No debe ser nada fácil ejercer de programador, incluso de directivo de una cadena de televisión. Tomar decisiones implica dinero (mucho) y personas (cada vez menos). Un fallo que, por pequeño que sea, puede ser el impulso para la competencia. En mi opinión, este perfil profesional requiere de inquietud, creatividad, riesgo, humildad. Rasgos que se traducen en estrategias y proyectos. Lo ejemplifica a la perfección Fernando Jerez, en #0, reinventando los términos catódicos y apostando por la diferencia sin titubear. Pocos ‘colegas’ pueden presumir de dobles saltos mortales, negando concesiones y jugando a los cromos repetidos. Es especialmente llamativo en el ente público, con una dirección nefasta de contenidos y la desconexión total con la audiencia. Los canales privados llevan años de tiras y aflojas, emulando franjas de emisión, cuando no parillas enteras. El giro al ‘blanco’ de Atresmedia redujo esta dualidad absurda, frente al colorido chillón de Mediaset. Aunque seguimos viendo cómo, de vez en cuando, los calcos catódicos logran estrenarse. Es el caso de ME LO DICES O ME LO CANTAS, la versión low cost de LA PARODIA NACIONAL. El que fuera formato inédito con Constantino Romero y su troupe de cantantes/humoristas, se presenta ahora en una especie de TU CARA ME SUENA paródica. Eso sí, el perfil de concursantes es mucho más bajo, intoxicado por la vorágine de Telecinco y sus caras visibles. Se cuelan algunos perfiles más actorales y musicales, perdidos entre la amalgama de excentricidades varias que campan a su anchas por los platós de Fuencarral. Salvo, como siempre, a Jesús Vázquez, perdido en un espacio que poco tiene que ver con sus recursos. Ni él puede tomarse en serio un bodrio semejante, con letras cogidas con pinzas, que pretenden ser la crítica social remasterizada.

Los productores de GOT TALENT esperaban reproducir sus días de gloria, pero con un programa tan poco atractivo no han logrado cautivar al espectador. Las pelucas de mala calidad, el vestuario digno de bazar, el sonido tan ramplón… Cualquiera cae en las comparaciones con el titán de Antena 3, que tan bien ha sabido posicionar el entretenimiento en una noche como la del viernes, en la que históricamente las familias se sentaban en el sofá a sorprenderse. Aquí hay poca tele que cortar, pese a contar con un buen plató, resulta más bien frío. Quizá sea la ausencia de directo que, a mi juicio, aporta muchos matices positivos al espectáculo. El fenómeno de Los Morancos, que triunfan en YouTube con sus videoclips dando zascas a la actualidad, parece un hecho aislado, con algún programa de humor en las autonómicas como excepción. Quizá la gente ha concentrado en las redes sociales sus ánimos de mofa y escarnio a los políticos o personajes dignos de titular. El supuesto karaoke con los números musicales no engancha, por mucho que la base sean hits reconocibles. El jurado tampoco suma demasiado. Cristina Rodríguez se pasa de protagonismo; Santi Millán no está en su salsa y se nota; Yolanda Ramos muestra un perfil más bien bajo tras la gloria del TCMS; y Jorge Cadaval hace lo que puede levantándose de la silla y aprovechando el estreno de su marido en pantalla. Leyendo comentarios, muchos señalaban que el fracaso no ha sido ni tan grande al tratarse de la temporada de verano. Aunque los mandamases se llenen la boca diciendo que para ellos todo el año es igual de importante, sabemos que es la época estival la apropiada para probar o lanzar compromisos sin mucha esperanza. El prime-time está muy pobre estos días, pero un show así, de semejante presupuesto y resultado, no se justifica.

Aunque quieran vender como correcto el 13,6% de share y los 1.793.000 espectadores de su estreno, anoche la sangría fue evidente, cayendo al 9,7% de share y un total de 1.181.000 televidentes. Veremos qué pasa las próximas emisiones, quizá vuelvan de vacaciones los amigos del género cantarín. Los mismos que esperan como agua de otoño pesos pesados como LA VOZ o el revisitado OPERACIÓN TRIUNFO. Esa batalla sí que se antoja interesante. ¿Cómo lograrán encajar las piezas los jefazos para ganar la partida? Tienen muchas horas de playa para pensar y darnos una tele digna, basada en la calidad, por favor.

# SÍ · Telecinco nunca tira la toalla con la producción propia. Prueba, con mayor o menor acierto, a plantear opciones donde la música siempre tiene protagonismo. Es algo muy de su ADN catódico.

# NO · Asumo que hay todo un equipo, con todo esfuerzo por sacar adelante algo así, pero podrían haber buscado nuevas fórmulas que alejaran del referente de éxito, véase TU CARA ME SUENA. Vale que, como elemento diferencial, los jueces ejercen como capitanes de equipo, pero se imitan demasiado los tempos, incluso las bromas colectivas. Chirría mucho. Demasiado. 

martes, 1 de noviembre de 2016

#TodosSomosChenoa



Anoche todos fuimos Chenoa. Ese corazón roto encima del escenario, el ex que intenta reparar un daño público, esa cobra que remató una historia que vimos nacer, sus palabras descarnadas de querer y una canción que era una declaración del piel con piel. ¡Qué tensión! Todo el concierto, mediocre en sus planteamientos, tenía sentido por este momentazo sin esconder. La organización lo sabía, cebándolo en los documentales previos y dejando el tema como dúo de oro, casi como final de los finales. Del silencio cómplice al llanto incontrolado, era difícil asistir a ese sueño del romanticismo hecho voces. Bisbal entró con una actitud entregada, enérgico y con ganas de saberse cerca de la que un día fue la mujer que robó sus notas de amor. Ella, en cambio, estaba como un bichobola, incapaz de levantar la mirada y entrar, como se merecía, en el subidón romántico. A nivel bocal su perfección era de sobra conocida, muy superior a la del resto de sus compañeros, salvo honrosas excepciones (Bustamante, Manu Tenorio y poco más…). Por un momento, volvíamos a aquella academia, a revivir una historia de dos, que era también un poco nuestra. Así que ahora, en la reválida, el imaginario colectivo esperaba un culmen espectacular. Y vaya si lo hubo.

El parón antes de la frase de cohabitar final, con el discurso del almeriense aumentaba la tensión. Sus palabras (“Siempre te he tenido mucho cariño y te tengo y te tendré”) parecían sinceras (“Que lo sepa la gente, por favor”), pero escasas y egocéntricamente erróneas (“Para mí ha sido un privilegio poder cantar conmigo”), ante una mujer que, públicamente, se había lamido sus heridas. La agitación posterior y el no beso, con ella zarandeada, carne de gifs y memes, fue un remate cruel. Seguramente, fruto de los nervios del momento. Fue entonces cuando a petición de él (“Di algo chiquilla, que no has dicho ná”) ella se desnudó, una vez más, por mucho que el contexto la tuviera en shock (“Es que me da vergüenza”) y tratara de escurrirlo diciendo que era broma. El “Mientras que hacemos el amor” dio paso a un abrazo sentido de Laura y a la pregunta de él (“¿Estás bien”). Unas risas y un beso al aire de la rotunda Chenoa parecían el broche perfecto, pero no. Fue entonces cuando ella procedió a su discurso (“Y para mí, que quede muy claro, también ha sido todo un honor cantar contigo, David. Te quiero mucho, lo sabes, y quiero mucho a tu familia, que está por ahí, le mando un beso gigante. Con todo el respeto y el amor del mundo. Os quiero muchísimo. Gracias. Y eso incluye a su club de fans, que son un amor también para mí. Todos mis respetos"). Quedó como una señora. Y siguió ahí, encima de esa pasarela nostálgica, cantando dos temas más, mientras las lágrimas, dicen, eran incontrolables. Podrá justificarse con la emoción del reencuentro, del volver a estar con los compañeros con los que un día firmó su triunfo. Aunque todos queremos creer que estaba con el disgusto de su vida y sin chándal en el que refugiarse. Las lentejuelas imponían ser artista y no persona, pero su corazón no entendía a estribillos. Sinceramente, ya lo pensábamos, pero anoche concluimos que la mallorquina no ha superado esta historia, que los Aves Marías fueron insuficientes para ella, necesitada de ese latir que la hizo más humana. Y tiene que ser un fastidio vivir algo así de forma televisada y con la novia recauchutada de tu ex aplaudiendo desde las gradas. Chenoa, atrévete a ser feliz, seguro que otro hombre te dará la vuelta incontrolada y susurrará como mereces.

Por lo demás, el concierto fue muy flojo en realización y sonido. Impropios para un evento televisivo tan esperado. Lo de Juan Camus no tiene nombre, su afán de protagonismo venía a tapar su falta de talento artístico. Que en ‘Mi Música es Tu Voz’ no cantara su frase fue cutre. Los estilismos eran una regresión a la incredulidad que provocaban sus looks de cada lunes, quince años atrás. Vestidos inadecuados para un directo, cual pretendidas divas low cost, incluso maquillajes de noche de Halloween. Si pretendían dar miedo, lo consiguieron. La presentación de Verónica a Alejandro Parreño, (“No es un musicazo...”)un ¿lapsus? de la emoción, del que ha querido excusarse. En cuanto a Rosa López, se ha convertido en un juguete roto. Ha perdido voz en el camino, seguramente de tanta clase e imposiciones de una industria que jamás la permitió ser ella misma. ¿Resultado? Una voz enorme apagada, poco a poco, sin éxitos que resaltar. Que su única canción en solitario fuera ‘Europe’s living a celebration’ lo dice todo. Y en la suma, más de uno de los dieciséis debiera verse un poco ‘La Voz’ y darse con un canto en los dientes. Porque vaya suerte tuvieron de formar parte de un fenómeno sin precedentes, musical y catódico. De ahí que las quejas de más de uno en los tres programas previos sobraran. Humildad y gratitud. Que seguro los mandamases explotaron su filón, pero ellos sacaron mucho y más de ser protagonistas de esa corriente única llamada Operación Triunfo.

# SÍ · Cuando se hacen bien las cosas, llegan a la audiencias. Me refiero a su momento, cuando el formato, con una esencia limpia y del todo artística, conectó con los espectadores y dio paso a un acontecimiento inolvidable. Ahora nos han devuelto a ese momento, hemos viajado a nuestra realidad de entonces y hemos revivido instantes únicos.

# NO · Este no es de sorpresa, pues me esperaba una audiencia mucho más millonaria. Recuperando, de alguna manera los datazos históricos del 2001. Anoche el concierto fue visto por una media de 4.149.000, logrando un buen 27,5% de cuota de pantalla. La cobra se elevó hasta casi los 4.800.000 espectadores. Es cierto que la actual desfragmentación de la programación complica barrer como entonces, pero la competencia de Antena 3 y Telecinco se había retirado de la batalla, optando por no emitir capítulos de estreno de 'Mar de Plástico' y 'La Que se Avecina'. Eso sí, en redes sociales fueron protagonistas absolutos.