
Crecí con la sintonía de Eurovisión como banda sonora de
momentos impagables. Desde bien pequeño me estudiaba la candidatura patria y no
perdía de vista a los rivales. Fantaseaba con que todos los points fueran
nuestros y que el galón se hiciera en un marco incomparable, a tope de brillo y
tópicos. Nunca lo vieron mis ojos y mucho dudo que lleguen a verlo. A pocas
horas del especial eurovisivo de OPERACIÓN TRIUNFO, no acabo de ver ningún tema
como gran reclamo. Estaba claro que la tele pública apostaría por el formato de
Gestmusic si el éxito acompañaba. Lo ha hecho y, de ahí, la confianza a los
jóvenes cantores para defendernos en el histórico festival. Sin duda,
musicalmente los cinco finalistas han demostrado capacidades y evolución en
estos meses, así como alentar a las masas fanáticas. Otra cosa es que tenga el
poso suficiente para afrontar una responsabilidad así. Sabemos que millones de
espectadores siguen la noche y sus estribillos, al tiempo que la industria
suele dar la espalda a los intérpretes que se suben al escenario infinito. Esta
hornada, a excepción de Agoney (injustamente fuera del quinteto final),
mostraba poco interés (nulo, diría) por recibir el ‘honor’ de ser el rostro y
la voz eurovisiva. Es más, una vez recibidas las canciones de manos de sus
compositores han demostrado unas actitudes poco respetuosas, con episodios de
ego y soberbia que las cámaras mostraron en el 24 horas y valieron más de una
bronca de la Directora de la Academia, Noemí Galera, y el resto de profesores.
Cualquiera puede entender que opinen y quieran definir sus futuras carreras,
algo que los pioneros ‘triunfitos’ no supieron cuidar. Véase la frustrante
trayectoria musical de Rosa ‘de España’. El pseudo GRAN HERMANO al que han
estado sometidos, sirviendo mucho material más allá de lo artístico, ha dejado
en evidencia un lado menos naíf del que nos querían vender. El caso es que hoy
se sabrá qué tema de los nueve aspirantes irá a Lisboa. Contará con mucho apoyo,
pues la cercanía asegura que muchos eurofans tengan ya sus entradas de precio
astronómico. Sinceramente, me cuesta apostar y visto algunos comportamientos de
la audiencia, como mantener a una Ana Guerra escasita en lo vocal frente al
poderosísimo Agoney, lo mismo tenemos sorpresa. No repartiré puntos desde un
plató con croma, pero sí diré qué me parece cada canción.
| CAMINA | Grupal | Es un regalo que se han hecho los concursantes y
que les reportará sus buenos royalties. Al estar concebido para los dieciséis y
haberse colado en nuestras vidas catódicas, no me parece una apuesta de éxito.
La versión final ha quedado bastante digna, pero se echan mucho de menos voces
icónicas. Se quedaría corta por mucha coreografía o puesta en escena.
| AL CANTAR | Amaia | La pamplonica es un seguro de vida. Este
tema conecta con la emoción de este momento que atraviesa y, sin duda, ha
conseguido hacerlo suyo. Por mucho que a Rozalén, su autora, no le hagan
demasiada gracia algunos cambios. Muestra su color de voz, pero podría perderse
en la inmensidad de la gala.
| ARDE | Aitana | Como canción es la que más me motiva. Desde
el primer momento se hizo con ella y potenció el lado más intimista. La
muchacha será la nueva diva pop adolescente, no me cabe la menor duda. Yo soy
más fan de su modo balada (‘Procuro Olvidarte’ me mató) que del efectismo
bailongo. Aquí despliega su mejor versión. Tiene carisma y podría enamorar. Eso
sí, sus nervios y las dudas de adolescente en ebullición (Vicente vs. Cepeda)
restarían efectividad.
| QUE NOS SIGAN LAS LUCES | Alfred | Fue uno de los más
críticos, por mucho que el autor resultó un tipo encantador. El tema es un
guante, aunque él se empeñe en voltearlo una y otra vez. La anarquía del
catalán no me gusta ni un pelo. Sus caras al cantar generarían rechazo y
sorpresa, a partes iguales. Por subidito no le daría esta oportunidad.
| LEJOS DE TU PIEL | Miriam | Una gran canción, que en ella se
me queda un poco plana. Porque la gallega será muy buena alumna, capaz de
demostrar una versatilidad importante, pero a nivel emoción se me queda muy
justita. No sería ni de lejos una Pastora Soler o Ruth Lorenzo, aunque como
primer single sería solvente.
| EL REMEDIO | Ana Guerra | Soy poco objetivo con esta chica,
porque creo que como artista, a nivel de numerazos, ha despuntado. Y si lo ha
hecho es porque el programa ha potenciado esta faceta y ella ha sabido
aprovecharlo. A nivel vocal está muy limitada, al menos en los directos. Este
tema, que ella odia, será un hit de terraceo. Y, aunque lo odio, tendrá que
cantarlo en bucle. Para Eurovisión me parecería una broma de mal gusto.
| TU CANCIÓN | Amaia y Alfred | El amor llevado a la música.
Ellos trasladan su historia y los televidentes de cualquier rincón del planeta
podrán verlo. Hay una sensibilidad cantada que merece la pena escuchar. Quizá
no sea buena estrategia apostar por algo así, después del despliegue emocional
de Salvador Sobral, pero ellos serían un tándem de éxito. Siempre que no haya
un drama a lo ‘Escondidos’.
| LO MALO | Aitana y Ana Guerra | Pegadiza e irreverente.
Aunque ellas no acaban de empastar voces y se hace raro en algunos tramos de la
canción. El estilo es actualidad y levantaría a todos del sofá. Los nervios
podrían ser muy traicioneros en este dúo. Aportar aire fresco sería un riesgo
que merece la pena explorar.
| MAGIA | Miriam y Agoney | El tema ‘rescate’ del canario es un
poco descarte. Aunque el dúo funciona, la letra ilusionista resulta un poco
infantil. No veo que tenga ese chimpún eurovisivo. Me alegra que él en el
directo pueda desplegar talento.
Veremos qué canción cruza la pasarela para convertirse en
historia sonora de nuestra televisión. ¡Qué nervios!
# SÍ · Es positivo que grandes nombres de la música hayan
creído en esta edición y limpiar la imagen de este proceso selectivo. Aunque el
bochorno del año pasado y el gallo de Manel Navarro forman parte de la memoria
colectiva.
# NO · El reducir todo este entramado a una gala dentro del
talent me parece insuficiente. Siempre hay que mirar a otros modelos, como el
de Suecia, donde saben explotar las posibilidades de Eurovisión con un formato
propio.